Pov. Marco
Semestre 2. Preparatoria.
Estábamos en primer
año, era el último día antes de las vacaciones de invierno. Todos estaban
ocupados en la entrega de trabajos finales, y yo acababa de salir de mi último
examen de economía, caminaba con mis entonces amigos, escuchaba cómo se
quejaban del examen, no entendía porqué, realmente me había parecido bastante
fácil. Caminaba por el pasillo cuando tropecé con una lata de refresco… Algo
que de verdad odio, la gente que no puede poner la basura en un lugar. Busqué un bote de basura y el más cercano estaba por los ventanales del salón de dibujo,
mientras caminaba, encontré algo que me llamo la atención.
Era el último chico
que quedaba en los restiradores, el resto estaba alrededor del escritorio del
profesor entregando trabajos. Se veía muy apurado, totalmente concentrado en
los trazos, y en los borrones. Cualquiera que fuera la figura que hacía debía
ser muy complicada pues no lograba dar el trazo correcto. Se veía preocupado,
pero había algo en su cara de concentración y el apuro que me cautivaba… Quizás era cómo caía su cabello negro y se pegaba sobre su frente…O esa manía
nerviosa de empujar un poco sus lentes con la goma del lápiz cada que separaba
un trazo… Lo que fuera me mantenía ahí, fuera del salón viéndolo por el
ventanal, aun con la lata de soda en mi mano, mientras el frio soplaba
fuertemente… Pero no me importaba… Entonces debió sentir el peso de mi mirada pues
detuvo su trazo y volteó directamente a verme.
Me sorprendí, él se sorprendió… Pude verlo por el sonrojo de sus mejillas, por ¿su nerviosismo?, y entonces
pasó. Movió la mano un poco y derramó un bote de tinta china sobre su trabajo,
y sobre todo su uniforme realmente. Su cara de preocupación era demasiada,
había arruinado ese complicado trabajo. Mi primer impulso era entrar al salón y
ayudarle a limpiar, entonces mis amigos me llamaron, se habían percatado que no
los había seguido. Así que tiré la lata y los seguí.
Fue ese mismo día mientras estaba esperando el
autobús, que lo vi de nuevo, estaba en la calle de frente llevando demasiadas
cosas para su estatura, muchos planos, algunas reglas y cuadernos
abrazados a su cuerpo por el frío… Y todo su pantalón y camisa con manchas de
la tinta. Lo seguí con la mirada hasta que abordó su autobús. Aún recuerdo
subirme al mío, sentarme, mientras que mis compañeros de viaje reían y hablaban
de sus planes de vacaciones. Yo sólo podía pensar en el chico de lentes, y sus
pantalones manchados de tinta.
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