Pov. Marco
Semestre 3. Preparatoria.
La preparatoria es la edad donde comienzan la mayoría de las adicciones, drogas, cigarros, alcohol.
La mía también lo hizo, sólo que era un tanto diferente, era un chico de lentes y cabello negro.
No sabía mucho de él, sólo que estaba en dibujo técnico, vendía dulces y comida de contrabando en su salón, y uno de mis amigos solía comprarle, fue gracias a eso que supe cómo se llamaba: Iván.
Luego descubrí cuál era su última clase antes del receso... y que si salía 5 minutos antes de la mía podía ir hasta fuera de su salón y verlo. No era muy sano, pero era inevitable quedarme viéndolo cuando pasaba por el patio, por la ventana de dibujo, o cuando iba a ofrecernos dulces casi al finalizar el receso… esa era mi parte favorita.
Nunca me había puesto así de freak por alguien, por ninguna de mis novias, y claro, por ningún otro chico. Eso era raro, nunca había sentido atracción por otro chico, me gustaba la compañía de algunos, soy una persona que suele ver lo mejor de las demás, me gusta estar en compañía de casi cualquier gente, me agradan muchos chicos, sabía reconocer cuando alguno era guapo, pero ninguno me atraía físicamente. Ninguno.
Y luego llega este chico, medio ciego, con cabello lacio, delgaducho y de piel pálida, no especialmente guapo, pero que hace que todo gire a su alrededor cuando está cerca. Quería hablarle, no sé... ser su amigo, pero aparte de comprarle comida no se me ocurría ninguna forma de acercarme a él.
Un día salimos antes de la última clase y les sugerí a mis amigos que fuéramos a las bancas fuera del salón de dibujo… Sí, así podría verlo. Reíamos de alguna pendejada, cuando sentí que él me miraba, volteó y le sostuve la mirada, fue un corto tiempo, pero no pasó desapercibido por mis amigos.
-¿Lo conoces?
-Amm… no
-Él estaba en mi secundaria.
-Ah...
-Es medio raro, sus amigos siempre decían que era gay.
-¿Enserio?
-Sí, creo que era puro mame, pero nunca lo he visto con ninguna chica. Como sea...
-¿Lo conoces?
-Amm… no
-Él estaba en mi secundaria.
-Ah...
-Es medio raro, sus amigos siempre decían que era gay.
-¿Enserio?
-Sí, creo que era puro mame, pero nunca lo he visto con ninguna chica. Como sea...
Dejamos de hablar de él, era raro, una parte de mí se sentía bien o feliz por lo que me dijeron, y otra me decía "Marco... ¿desde cuándo nos gustan los hombres?" Era raro, seguía pensando en eso cuando mis amigos decidieron irle a comprar algo. Y yo volvía a esa pendejada de, estar frente a él, no decir nada y mirarlo como idiota, lo incómodo del asunto es que él también me veía. Uno de mis amigos se dio cuenta, y su mejor idea fue ‘’presentarme’’, era raro… Muy raro. Él por algún motivo se empezó a sonrojar y creo que me pasaba lo mismo. ¿¡QUÉ DEMONIOS ERA ESTO!? Por suerte fueron unos segundos y todo volvió a la normalidad. Genial Marco, la forma más rara de conocer a una persona... pero funcionó, el ir a comprarle dulces se hizo una rutina para mis amigos, y como en su clase no parecían hacer nada, empezamos a irnos a su salón cuando nuestras clases se ponían aburridas. Fue fácil que mi grupo de amigos se llevara con el de él. Uno de mis amigos estaba con uno suyo en el equipo de básquet, y los demás íbamos a verlos jugar a veces. Aun así no me llevaba mucho con Iván...
Hasta un día, estaba lloviendo, la lluvia siempre hacía un caos en nuestra ciudad. Estaba haciendo alto a unas cuadras de la escuela, cuando lo vi, estaba en una esquina esperando el autobús, empapado, pero tratando que no se mojaran los planos de dibujo técnico. Toqué el claxon y le dije que subiera. Siempre echo mi mochila a la caja de la camioneta, pero como hoy llovía, la cabina parecía muy pequeña para dos personas, dos mochilas y un tubo de planos, como pudo Iván se acomodó y cerró la puerta.
I: Gracias.
M: ¿A dónde vas?
I: A mi casa...
M: ¿Dónde queda?
I: Por el hospital central, puedes dejarme ahí si quieres.
M: También vivo cerca del hospital, puedo llevarte a tu casa.
I: Oh ok, es pasando la plaza, ¿la ubicas?
M: Sí, trabajo ahí, en la cafetería.
I: Oh, sé cual, pero nunca he ido.
M: Lo sé...
Resulta que Iván vivía a unas cuadras de mi trabajo, lo que significa que había sólo una distancia de 5 minutos en carro de su casa a la mía. Por lo que me ofrecía a llevarlo a veces luego de la escuela… aunque viviera al otro lado de la ciudad, igual me ofrecería a llevarlo. Con el tiempo se volvió una costumbre el regresar juntos de la escuela, incluso cuando iba de la escuela directo al trabajo, él sólo caminaba del café a su casa. Gracias a eso, empezamos a hablar más, hasta convertirnos en algo así como "mejores amigos". Claro que era incómodo tener sueños húmedos con tu "mejor amigo". Aún así, era genial, conocí muchas cosas de Iván, era raro, estaba loco, hacia cosas muy extrañas de la nada, como lamer el vidrio de mi camioneta, o susurrar todo el camino la canción del Mariachi Loco y cuando le decía que se callara sólo negaba estarlo haciendo para luego repetirlo… Era raro, pero también muy divertido… Me di cuenta que todo eso empeoraba cuando tomaba café, sabía que había personas que sí les afectaba demasiado la cafeína, e Iván era de esas. Lo descubrí un día que lo invité a mi trabajo, supe que tenía algo como una adicción al café, luego de eso siempre me pedía... bueno, me exigía que le llevara café de mi trabajo. Y bueno... siempre lo hacía, hacia cualquier cosa que me pidiera.
Para nuestros amigos se había hecho normal que anduviéramos juntos, para nosotros era normal que fuera a hablar con él a la ventana del salón de dibujo, o que me mandara memes por WhatsApp, también el que fuera a mi casa a jugar videojuegos, o el irme a quedar a su casa de vez en cuando. Durante ese tiempo en serio quise convencerme de que era un amigo, de que no me "gustaba", y que obviamente yo no le gustaba a él. Pero era adictivo, el verlo, el buscar tocarlo, su aroma, y aunque estaba con el casi todo el tiempo, quería algo más. El seguir teniendo sueños húmedos con él me decía exactamente qué era ese "algo más". Me sentía como un enfermo. Me masturbaba pensando en un hombre... Eso estaba jodidamente mal. Pero no podía alejarme de él, simplemente no podía hacerlo. Los síntomas de "enamoramiento de película" sólo terminaban de joderlo todo, mi pulso acelerado cuando subía a la camioneta, el pensar en el mientras trabajaba en la cafetería, y que todas las putas canciones las relacionara con él, era lo más castrante.
Y bueno, todo eso empeoró un día estando en la camioneta. Era tarde y veníamos de uno de los juegos intraescolares de nuestros amigos, como ganaron saliendo del juego fuimos a la casa de uno a beber algo. Sólo estuvimos bromeándo y reíamos en el camino, estaba estacionado frente a la casa de Iván. Él bueno, siempre hacia cosas raras, comentarios raros, esas cosas que crees que nadie diría en voz alta, son la clase de cosas que Iván dice todo el tiempo. Y en ese raro hilo de conversación terminó en...
I: Deberíamos besarnos.
¿Porqué demonios había dicho eso? No lo sé, era un juego, estoy seguro, pero bueno, quizá nunca más podría hacer esto, asentí con la cabeza y me acerqué a su cara, y lo besé… Bueno si eso se puede llamar un beso, realmente fue sólo un rose extraño de labios, el beso más awkward del mundo. Me alejé un poco, él se había tensado casi de inmediato.
I: ¡QUÉ CHINGADOS! ¡ERA UNA BROMA! UNA PINCHE BROMA!
M: Ah... bueno... me vale madre.
Y volví a besarlo, él intento apartarse al principio, pero sujeté su cara con mi mano, esta vez sería un beso de verdad. Movía mi boca contra la suya, y pasaba mi lengua por sus labios, quizás el que tratara de alejarme de él me hizo hacer más presión para que su boca encajara más con la mía y dejara pasar mi lengua para jugar con la suya, luego de eso él empezó a seguir el juego. En teoría no tenía nada de especial, era igual que besar a cualquier chica, igual como las muchas veces que lo había hecho. Pero en realidad, era totalmente diferente. Era diferente como sus labios resecos rosaban los míos, su cuerpo pegándose al mío, la sensación de su cabello entre mis dedos, o la forma en cómo chupaba mi labio inferior. Simplemente era adictivo, todo siguió de la manera más violenta, hasta que su celular sonó y nos separamos. Era su madre preguntando si había llegado. Su cara era un tomate, sólo se bajó y cerró la puerta. Y yo me limité a encender la camioneta y dar vuelta en dirección a mi casa.
Bueno, iba ser diferente a partir de hoy, quizás ya ni siquiera seríamos amigos, joder, había besado a un hombre... a un hombre que era mi mejor amigo. Había tantas cosas jodidas en eso, que no tenía sentido que manejara sonriendo como un idiota hasta mi casa.
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