Semestre 3. Preparatoria.
La prepa... ah, qué bellos recuerdos tengo acerca de la escuela. Bueno no. Pero lo más cercano fue haber conocido a ese muchacho raro que, al parecer, me seguía a todos lados. Yo ni cuenta de que un wey andaba detrás de mí. O sea, ¿quién se pondría a averiguar si alguien los está siguiendo o no...? ¿O será que yo estaba muy pendejo para no darme cuenta? Eh, da igual. El punto es que quiero compartir un poco del oscuro pasado de mi juventud.
Recuerdo que en ese entonces me estaba cambiando la voz bien cabroncísimo. No quería hablar para nada y evitar cualquier ocasión de reírme o así. La primera vez que lo vi, fue de lejitos, estábamos en el patio principal de la escuela a principios de primer semestre. Nos pusieron en línea y él estaba en otra fila enseguida de mí. Es un poco más alto que yo, tiene una mata rizada y castaña que parece que crece para todos lados, ojeras casi hasta los cachetes, tiene los ojos de color chido, no sé como azules, en general está bien... Hasta guapo, creo. Pero tampoco es como si fuera importante, digo es un tipo normal, como todos. Alguien con buena cara y pues probablemente nunca le hable por que somos de grupos distintos y todo el pedo.
Luego en tercer semestre de vez en cuando me lo topaba, como que su cara se me quedó muy grabada por alguna razón, lo veía en el receso por que yo vendía dulces y comida a veces. Estúpido dibujo técnico, me salía caro, todo el pinche material para que ni siquiera esté estudiando para algo así. Pero reanudando la trama, ahí iba con unos de sus amigos y de vez en cuando lo veía y él como que sentía mi mirada y me la devolvía con una sonrisa pero así leve. Y yo nomás volteaba a ver otro lado, me daba quién sabe qué en la espalda cuando me veía. Me sentía como cuando una niña bonita te ve pero en vez de ser una chica era con él. Ay no mames, estás volviendo a pensar en cosas raras. Chance y nomás es por que es raro que otro tipo te vea y ya...
¿No?
Había veces en que mucha gente llegaba a mi salón de dibujo a comprarme cosas. El salón estaba bien fregón por que la mayoría de las paredes tenían ventanas que se podían abrir y cerrar. Aproveché esto y junto con la bola de desmadrosos a los que llamaba amigos nos sentábamos ahí. Y un buen día ahí andaba otra vez, sentado en una banca que estaba cerca de las ventana donde está el restirador donde yo siempre me siento, riéndose con sus amigos.
Oh no... ahí vienen. Relájate, no pasa nada, nomás vienen a comprar, equis capaz y él ya ni se acuerda de mí. Habló un muchacho alto
-¿Qué traes hoy, Iván?
-Eh... Papitas, dulces, jugos, sodas.
-¿Quieren algo? Hoy me siento generoso.
Todos se rieron y estaban diciendo cosas como "Ay sí tú, pendejo" y "No mames wey si tú nunca traes dinero", y luego uno de ellos me habló.
-Eh, Iván ¿Conoces a Marco?
Empezaron a empujar hacia enfrente al chico de cabello rizado y me le quedé viendo a los ojos.
-Um.... no.
Él no apartaba la vista y yo no sé por qué no podía romper el contacto, poco a poco los dos nos poníamos rojos y el ambiente se ponía un poco tenso. Un chico se dio cuenta y rompió el incómodo silencio.
-Uh, entonces yo quiero una soda.
"Yo unas galletas" "Yo unas papas ¿de cuáles tienes?" Y de repente todo volvió a la normalidad, comencé a buscar entre mis cosas lo que habían pedido y se fueron.
Después de ese día siguió viniendo a verme hasta hacernos mejores amigos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario